Circula por las redes desde hace algunos
días un proyecto de ley en el congreso colombiano impulsado por Ricardo Ferro Lozano
para prohibir la cría, reproducción, comercialización
y tenencia de cualquier ave de ornato y canora como animales de compañía en el
territorio colombiano. (http://www.camara.gov.co/prohibicion-aves-de-vuelo).
Como aficionado a la ornitología
deportiva, al escuchar y leer la propuesta del representante Ricardo Ferro Lozano, claramente se puede inferir su absoluta
ignorancia con respecto al tema así como la peligrosidad de que una propuesta
de ley tan ridícula sea aprobada en los términos planteados. No es difícil concluir
que algún animalista “in extremis”,
quizás como las infames mujer@s polémicas de las gallinas violadas en España, le
haya propuesto el proyecto y éste haya comprado la idea sin entender las
consecuencias de lo que plantea.
Es comprensible la necesidad de
cada país de proteger a sus aves silvestres ya que cuando no existen mecanismos
de control los abusos contribuyen a diezmar y en muchos casos a extinguir especies
existentes, cito como ejemplo el caso de la paloma viajera americana (Ectopistes
migratorius) y el caso
más reciente del cardenalito de Venezuela (Spinus cucullata) hoy al borde la extinción en estado
silvestre.
Empecemos por apuntar que la
expresión aves de ornato y canoras es una definición pobre, probablemente
obtenida de algún libro y que deja por fuera a un gran número de aves que requieren
protección en libertad. El conjunto de las
aves dentro de la expresión “aves de ornato y canoras” comprende, entre otras
a: periquitos australianos, canarios en todas sus razas y variedades, diamantes
de Gould, bengalíes, todas las razas de palomas y gallináceas y psitácidas.
Si tomamos como ejemplo el caso
de los canarios me permito sugerirle al representante Ferro Lozano un mínimo de
lectura e investigación, quizás le resulte interesante entender que la
canaricultura es una afición centenaria, que el 99% de las razas y variedades
existentes son creación del hombre cuyas probabilidades de supervivencia, si
son liberados, es absolutamente nula, por lo que prohibir su tenencia sería equivalente
a sentenciarlos a muerte por inanición o en presas de depredares. (sugiero la
lectura de: http://timbradospanama.blogspot.com/2017/06/los-canarios-de-midway.html).
Pero es que a los animalistas “in extremis”
poco les importa el bienestar o futuro de los animales, prefieren verlos
muertos o extinguidos que ver a los pobres animalitos enjaulados, sin entender
que estos ejemplares han perdido cualquier instinto de supervivencia tras 500
años de crianza en cautiverio.
La ornitología deportiva, en
esencia, promueve el amor a las aves, une a los aficionados tras una noble afición,
garantiza la perdurabilidad de las aves y sobre todo es una actividad que
compartida familiarmente promueve el amor por las aves por generaciones. Todavía
recuerdo vivamente a mis escasos once años el nacimiento de los primeros
pichones de paloma logré criar, no cesaba de maravillarme el sentimiento de haber
contribuido con el mundo. Ese sentimiento, que me ha acompañado durante toda mi
vida, se ha constituido en el principal factor motivador de mi amor por las
aves y de su defensa a ultranza.
Quizás el representante Lozano o
su asesor, cuando quiso referirse a las especies canoras, pensaba en el famoso “canario
de tierra o de tejado” (Sicalis flaveola)
cuyo hábitat comprende desde centroamérica hasta la Argentina y cuya captura
indiscriminada es motivo de atención en tierras colombianas.
Cria en cautiverio del Sicalis flaveola
Lo cierto es que la cría en cautiverio
garantiza la continuidad de las especies en estado silvestre, claro está,
acompañada de las correspondientes regulaciones, y es ahí donde si apoyo a la necesidad
de leyes sólidas, necesariamente acompañadas por la asesoría de las
federaciones ornitológicas que protejan en forma conjunta a la ornitología deportiva
y a la especie en estado silvestre. A modo de ejemplo claro, la cría en
cautiverio y obtención de las diferentes razas de canarios ha reducido a través
de los años la apetencia por la captura de los ejemplares silvestres, situación
que ha estabilizado la población silvestre en unos 200.000 ejemplares. A pesar
de ello, se ha hecho necesaria la promulgación de leyes por parte del gobierno
canario para impedir la captura de ejemplares silvestres, ya que no faltan los
cazadores furtivos que los malvenden ilícitamente a los que se excusan
absurdamente en “el refrescamiento de sangre”.
El caso del cardenalito de Venezuela es igualmente dramático, existen muchísimos más ejemplares en los aviarios europeos que en libertad en tierra venezolana, aquí el factor fundamental es la captura indiscriminada causada por un gobierno inepto e incompetente en un país cuya población está sumida en la pobreza y la desesperación por sobrevivir.
El caso del cardenalito de Venezuela es igualmente dramático, existen muchísimos más ejemplares en los aviarios europeos que en libertad en tierra venezolana, aquí el factor fundamental es la captura indiscriminada causada por un gobierno inepto e incompetente en un país cuya población está sumida en la pobreza y la desesperación por sobrevivir.
Creo firmemente en la existencia
de regulaciones, debidamente analizadas por expertos en la materia que protejan
a los ejemplares en estado silvestre de capturas indiscriminadas y que permita
la cría en cautiverio ya que es uno de los factores para disminuir la apetencia
por obtener ejemplares silvestres.
Hay que hacerlo, pero hay que
hacerlo bien.
Gracias y mil gracias a nuestro amigo y criador Ernesto Ramos por aporta su granito de arena en protestar después de haber leído esta ley adsurda del representante Ricardo ferro lozano,. Por acabar la ornitología deportiva.
ResponderEliminartiene toda la razón amigo
ResponderEliminarEXCELENTE artículo y es mi deseo que el señor Representante a la cámara pueda leerlo
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