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jueves, 29 de diciembre de 2022

El ultimo periquito por Miguel del Pino Luengo(Libertad Digital)

 Más sobre la demencial ley que pretende acabar con la ornitología deportiva y la tenencia de mascotas en general

El último periquito


La ley de supuesto "Bienestar Animal" de la ministra Ione Belarra supone un torpedo a la línea de flotación del mundo de las mascotas. Como denuncia y demuestra nuestra compañera Marta Arce en estas páginas, la señora Belarra no es más que la cadena de transmisión a nuestro país de la demencial ideología animalista de la que viven, y muy bien, algunos conocidos grupos de presión europeos.

Tales grupos de presión, o lobbys, muestran características comunes que poco a poco van quedando desenmascaradas: detrás, o más bien delante de su pretendido amor a los animales y la exaltación de sus supuestos derechos se transparenta una ideología de extrema izquierda que considera al hombre un animal más, por no decir un animal de segunda categoría.

Todas ellas parecen convencidas de que no hay ideología sin sustanciosas subvenciones, de manera que no suelen tener dificultades económicas que frenen (no pensamos ceder en lo del término "topen") sus demoledoras campañas. Con la lluvia de fondos que diferentes Gobiernos de izquierdas los alimentan no solo van acabando con el mundo entrañable de las mascotas, sino que van comprando voluntades y pervirtiendo objetivos de algunas organizaciones ecologistas antaño científicas y de relevante solvencia.

Marta Arce en su artículo, que consideramos trascendental para la lucha de quienes tratan de oponerse a la ley de Ione Belarra y su ejecutor Sergio García Torres, ambos de nulos conocimientos biológicos demostrados, desvela la identidad de las principales entidades europeas que forman el lobby animalista y contabiliza los montantes de algunas de sus ingentes subvenciones

Tales investigaciones constituyen elementos de importancia vital para quienes se rebelen contra la sucesión de ataques a la tenencia y crianza de esos animales entrañables que vienen a ocupar vacíos afectivos en ciudadanos emocionalmente frágiles, como ancianos que viven solos o niños que sucumben fácilmente a su encanto: los llamados animales de compañía.

Hasta el momento las principales armas que muestran en su defensa los adversarios de esta ley se basan en su incidencia en el campo y el medio rural (perros de caza) o en su economía (ganadería cárnica). Todo ello tiene una gran importancia, pero no debemos olvidar el mundo de las mascotas, hasta ahora considerado por quienes objetan la nueva legislación animalista como prácticamente irrelevante.

Animales domésticos como los canarios, periquitos, hámster, pájaros exóticos domésticos y muchos otros similares, son considerados "exóticos" y por tanto susceptibles de erradicación en los hogares: se acabaron los chistes del loro, los cantos de los canarios en cualquiera de sus variantes (timbrado español, malinois, roller, etcétera); adiós a las carpitas chinas, porque ni el acuario se libra de los furibundos y excluyentes ataques radicales.

Ni el perro ni el gato se salvan, porque sus dueños quedan desposeídos de su derecho a la presunción de inocencia; todo propietario es un presunto abandonador y posible maltratador.

El periquito que acaba de llegar a un hogar para alegrar la vida de un niño, o para enriquecer el caudal genético del plantel de un criador deportivo, podría ser el último de su estirpe en el mundo de las mascotas.

¿Exótico un periquito?... hombre, pues sí. La especie Melopsitacus undulatus procede de Australia, donde forma grandes bandadas , a veces dañinas por el exceso de ejemplares en los bosques de eucaliptus, pero lleva más de trescientos años en compañía del hombre, que lo ha domesticado y multiplicado en mutaciones y colores. El periquito es un verdadero animal doméstico.

Por cierto, fueron las Islas Baleares el primer centro de introducción del periquito en Europa. De Baleares al Crystal Palace inglés, y de allí al resto del mundo, como nuestro canario, cuyos millones de ejemplares también diversificados en razas proceden del "verdegay" que los guanches domesticaron en tiempos remotos en nuestras "Islas Afortunadas".

Hay un ingente caudal de investigaciones y un depósito empírico de conocimiento de los criadores de mascotas. En referencia a las aves, como nuestro periquito protagonista, su crianza por particulares, es decir, por aficionados, está a punto de ser prohibido de facto, de manera que cualquiera de sus ejemplares podría pronto convertirse en el último de su especie.

Gracias, Marta Arce, por tus investigaciones que colocan a Libertad Digital a la cabeza en la lucha contra la descabellada Ley de Bienestar Animal que desde el primer momento es necesario combatir refutando el ingente caudal de disparates que contiene.

Al propio tiempo se hace cada vez más necesaria una verdadera Ley de Protección Animal, científica, humanitaria, sensata y de ámbito nacional.

Entretanto, Feliz Navidad para todos, pero muy especialmente para las numerosísimas personas sensibles que disfrutan y hacen disfrutar a sus animales de compañía; y también para estos, sean alados, peludos o escamosos.

Miguel del Pino. Catedrático de Ciencia Naturales.


lunes, 7 de enero de 2019

Los miserables: elogio del canario doméstico , un artículo de Miguel del Pino Luengo

Siempre es grato mantener contacto con los lectores que comentan o polemizan acerca del contenido de los diferentes artículos que semanalmente tengo el honor de publicar en estas páginas sobre temas ecológicos; la gran mayoría son extraordinariamente amables y enriquecen con sus opiniones los contenidos, pero en algunos casos aislados no ocurre exactamente así, si bien todos los agradecemos.
Recientemente un lector, más pertinaz que amable, me llamaba "miserable" por disfrutar con "el eterno cautiverio de los canarios sólo para deleitarme con su canto"; pues bien, hablemos de esos "miserables" entre los que, efectivamente, me cuento.

Los "miserables" que practicamos el arte de criar canarios en nuestros hogares somos decenas de millones en el mundo; y en España, en concreto, hay más de tres millones de canarios anillados. Hay canaricultura prácticamente en todo el orbe, y la mayor parte de los países donde se practica cuenta con razas propias seleccionadas por sus aficionados, el "hoso japonés" o el "arlequín portugués" serían ejemplos en este sentido.
España cuenta con varias razas propias reconocidas por la Confederación Ornitológica Mundial, como los llamados "raza española", "timbrado español", "canto español". "giraldillo", "llarguet" y "rizado sevillano", por no citar más que algunos ejemplos.
Debemos sentir orgullo de que todos los millones de canarios que actualmente se crían en el planeta, que son tantos que hasta ha sido necesario diversificar los campeonatos mundiales en hemisferio norte y hemisferio sur, procedan del canario silvestre oriundo y endémico de nuestras maravillosas "Islas afortunadas", de las que ha recibido el nombre.
También es gratificante que a pesar de haber aportado la especie canaria esta verdadera maravilla al mundo de la domesticidad, los canarios silvestres no están en peligro de extinción en su paraíso insular, donde son objeto de un escrupuloso plan de conservación que ha evitado la captura de ejemplares. Todos los canarios se crían en este momento en domesticidad y llevan así más de quinientos años, a través de las sucesivas generaciones, de manera que son ya tan domésticos como pueda serlo una gallina.
El fenómeno del rechazo a la cría de pájaros domésticos procede de la mala información, por no decir "desinformación" que padecen muchos ultras del mundo llamado "animalista". Quienes sueñan con abrir las puertas de las jaulas y liberar a sus ocupantes ignoran que en libertad apenas sobrevivirían unas horas: los canarios son verdaderos animales domésticos.
Los "miserables" que criamos canarios efectivamente nos sentimos extasiados ante su canto y su belleza, pero sobre todo ante sus bellas costumbres domésticas y sobre todo reproductoras. La cría de canarios y el desarrollo ante nuestros ojos y en nuestros hogares del complejo ritual de apareamiento, nidificación y alimentación y cuidados que prodigan a sus pequeños son una extraordinaria lección de educación ambiental.
Plagas ya lejanas en el tiempo y la cultura que acosaban a los pajarillos silvestres, hasta hace pocas décadas, como el tirador, la escopetilla, la liga o el expolio de nidos, son impensables en quienes, en edad infantil, hayan contemplado en sus casas el espectáculo de la cría de los canarios.
Los "miserables criadores" acostumbran a preparar con verdadero mimo los jaulones y los materiales para la cría; es tradicional al llegar la primavera elegir los reproductores, basándose esta elección en los notables conocimientos genéticos, no sólo empíricos, que los amantes de los canarios han obtenido mediante la práctica de su afición.
Los primitivos "verdegais", o canarios silvestres, se han diversificado en tantas razas que el propio Darwin se asombró de ello y obtuvo datos relevantes para su "teoría de la evolución" a partir de sus observaciones sobre la canaricultura.
Los científicos han obtenido también información interesante a partir de la diversificación de los canarios: el estudio de las mutaciones de sus pigmentos, especialmente de los oscuros o melánicos, permite albergar esperanzas de conocer mejor los mecanismos de síntesis de los mismos y de sus aberraciones, todo ello importante para entender fenómenos como el del "melanoma", extrapolable a nuestra propia especie.
Pero los "miserables" que disfrutan con la canaricultura no son sólo científicos, sino, sobre todo miembros de los estratos más populares de la sociedad; especialmente grato para ellos es preparar como mimo las pastas para la cría de los pichones, los vegetales frescos y las escrupulosas mezclas de semillas. No perece tan difícil pedir que su labor sea entendida y respetada.
Muy diferente de la canaricultura, o bien "ornitofilia", si queremos ampliar el concepto al mantenimiento y cría de otras especies domésticas, como el periquito o los diferentes diamantes, es la caza, hasta hace años poco controlada, de pájaros silvestres para enjaularlos, y no digamos el expolio de nidos en la naturaleza: aquí entramos en un terreno reprobable que no tiene ningún futuro.
En la actualidad se trabaja para conseguir que algunas especies silvestres, como el jilguero o el verderón, ambos objeto del interés de muchos aficionados, formen poblaciones domésticas criadas en cautividad, de manera que pueda abandonarse su captura: en la mayoría de los países europeos son ya tan domésticos como el canario.
Más de cuarenta mil ejemplares de canarios han competido esta temporada en los dos Concursos Nacionales, celebrados en Talavera de la Reina y Don Benito respectivamente: ahora se celebra el Mundial, y también algunos certámenes de especial relevancia como el italiano de Reggia Emilia. ¡Cuántos miles de "miserables" según la opinión de los animalistas radicales!
Para abordar directamente el fondo de la cuestión lo importante no es la opinión de los extremistas del animalismo, sino la acogida que reciben por parte de algunas autoridades municipales, en manos podemitas o de quienes se apoyan en ellos, que, llenos de complejos, niegan locales públicos para los concursos y exposiciones de ornitofilia; no hace tatos años que el madrileño Círculo de Bellas artes acogía en su primera planta la primorosa exposición de la Asociación de Canaricultores Españoles, radicada en Madrid y segunda en antigüedad en España tras la Agrupación Ornitológica de Badalona, que es la pionera.
Este año la A.CE, "Medalla de oro del Circulo de Bellas artes" expulsada de su tradicional refugio del Centro Cultural de Arganzuela por la intolerancia de sus gestores, ha tenido que refugiarse en la localidad de "El Álamo", cercana a Navalcarnero, donde a partir del próximo viernes podrán mostrar sus ejemples, que con tanto mimo han cuidado hasta este momento. Enhorabuena por su entusiasmo, a ellos y a quienes los han acogido. Merece la pena dar una ojeada a la exposición y pasear por la bella población madrileña.
Pobres animales aquellos que son víctima de las incomprensiones y de la ignorancia.

articulo publicado en Libertad digital el 7/1/2019