Rescato un artículo escrito en 1959 por un aficionado con referencia a la ética en la canaricultura, podéis juzgar su vigencia transcurridos más de 50 años desde su publicación. Sin duda alguna sigue y seguirá existiendo la envidia de los sembradores de cizaña que no pueden soportar el éxito de otros compañeros aficionados y envenenan con su boca sembrando dudas sobre la justicia de los enjuiciamientos ó sobre los mismos compañeros, estos cizañeros no tienen remedio porque ni tienen ética ni nunca se transformaran en personas de bien.
Lo preocupante es caer en el juego de palabras de los cizañeros y convertirnos en portavoces de falsedades, rumores o especulaciones de forma inocente, y a todos quizás nos haya pasado, Seamos benevolentes en el merecido halago y prudentes en la crítica ponzoñosa,
Preocupémonos mas por mejorar nuestros aviarios y por entender donde están nuestras fallas para establecer los correctivos de la siguiente temporada y de esa manera progresar como canaricultores y no de restarle crédito a quienes son exitosos.
"Hablar es gratis y si se hablas mal en demasía, siempre algo quedará"
CUANDO LO BLANCO NO ES NEGRO
Par Jose
María Meana Azebat
27-9-1959
ETICA
CANARICULA
Los españoles aficionados a la Canaricultura,
cultores de canarios de todas las variedades y razas, desde lo inverosímil
hasta lo sublime, tenemos toda una loca pasión por aquello que constituye
nuestra preferencia, haciéndonos incurrir con demasiada frecuencia en juicios
injustos y apreciaciones erróneas.
Esto en si
tiene muy poco de particular, puesto que los Canaricultores somos humanos, y
por lo tanto no estamos exentos de ese mal tan común entre los seres de este
mundo, de los que no constituimos una excepción
.
Lo malo no es esto, puesto que un mal a fuerza
de generalizarse deja de ser tal mal, por lo menos eso creemos nosotros; lo
malo, y esto es lo importante, es que los Canaricultores a la vez que
cultivamos canarios cultivamos también otra especie de animales cuya cría y
propagaci6n no es tan noble ni honrosa; este, es un pequeño gusanillo, y no por
pequeño menos temible, de efectos francamente infernales, que destruye reputaciones,
deshace amistades, siembra la discordia, y por consecuencia es la causa
principal de la disgregación actual de la Canaricultura Española.
En el cotidiano conversar de los Canaricultores
en sus acostumbrados corrillos, este gusanillo hace su aparición muy frecuentemente,
siempre en su misión destructora.
Refiriéndose a los pájaros de un conocido
canaricultor que siempre logra destacados puestos en los certámenes, uno de la
tertulia dice:
«Es que eso no tiene mérito; este señor tiene
dinero y compra buenos ejemplares, así cualquiera lo hace». Los demás callan y
dejan correr la bola, unos porque también sienten el gusanillo dentro de sí:
otros, los más, por falta de valor cívico.
No, señores míos, no es así; si a este señor
que se expresa en esta forma, uno de los que escuchan le preguntan si el no
compró también reproductores no podría decir que no, y sería darle una lección
adecuada a su mala intención, y de un solo tiro se mataría el gusano y el mal.
«Fulanito
-dice otro-- tiene en su casa habitaciones suficientes para separar los machos
de las hembras, así estos al no cantar encelados no estropean su canto; esto no
es hacer Canaricultura», agrega, como si el hacer Canaricultura estuviera supeditado
a tener más dinero ni menos habitaciones.
Un tercero añade: «Menganito, más que un
Canaricultor es un negociante; hay que ver ... vender un Canario en tantas o
cuantas pesetas, esto es ir en contra de la Canaricultura y en contra de la
afición, y por tanto debemos echarlo de nuestra Asociación, o por lo menos
hacerle el vacío y aislarle». Sin pensar que todos y cada uno de ellos
aprovechan la primera oportunidad que se les presenta para vender un pájaro que
en la mayoría de los casos no vale nada, y que incluso supone un engaño para
quien lo compre, a cantidades mayores que las que censuran.
Pero, señores míos, no le demos vueltas; no
echemos la culpa de esto a nadie, la culpa la tiene el gusanillo; ante la labor
de este, ríanse todos de los efectos devastadores del acaro y demás microbios
que originan las enfermedades, verdaderas plagas de nuestros criaderos; estos
matan pájaros, matan nuestros canarios, pero aquellos matan moralmente al
Canaricultor, y lo que es aún peor, matan la afición a la Canaricultura.
Pero también como en todas las cosas y en todas
partes, entre los Canaricultores hay excepciones, aunque pocas por desgracia
nuestra, y así encontramos entre ellos personas justas a quienes llamamos
estrechos de conciencia, y que son las (micas que ven lo blanco blanco con toda
su pureza, sin espejismos, sin velos. ¡Porque, queridos amigos, así como
nuestros pájaros se contaminan fácilmente
de cualquier enfermedad entre ellos, no nos
contaminamos nosotros de las buenas virtudes de estos estrechos de conciencia
que yo llamaría puritanos? Ello haría más bien a la Canaricultura, que todos
los laboratorios del· Mundo puestos a nuestra disposición para combatir las
plagas de nuestros Criaderos.
No consintamos que nuestra conciencia tenga la
elasticidad de una goma, sino que sea estrecha, justa y honrada; y allí donde
surja el gusanillo matémoslo sin compasión sabiendo que hacemos un bien a
nuestros semejantes. A lo blanco llamémosle blanco, y negro a lo negro,
eliminando así tantos males que nos acosan e impidiendo que progrese el
embuste, la rencilla, la mala intención, el golpe bajo,
y tantas enfermedades que constituyen la plaga
entre nuestros Criadores, más importante y más nociva que la de nuestros criaderos.
Yo pienso muchas veces que, ya que los Canaricultores somos tan dados a nutrir nuestros
pájaros de Vitaminas de todas las gamas y letras, pudiéramos nosotros ingerir
una Vitamina que nos hace más falta que a nuestros canarios, y que su carencia
es mal de todos los males, la Vitamina de la VERDAD.
Si así lo hiciéramos no nos irrogaría perjuicio
ninguno; ·por el contrario, todos seriamos atentos, cordiales, justos, bien
intencionados, no hablaríamos mal de nadie, y, ya inmunizados defenderíamos la
VERDAD con valentía, pensando que hacemos solamente lo que debemos, y amparados
en nuestra propia estimación.